Publicado en Vivencias

Cómo lidiar con un reposo absoluto en el embarazo

Hoy se cumplen 2 años desde que me dejaron ir de la clínica con la condición de guardar reposo absoluto hasta el día del parto. Una semana antes hubo intento de escape, mis hijas querían llegar y yo sólo podía pensar: No tienen permiso, es muy pronto.

Tenía las 31 semanas recién cumplidas, y pese a que las estadísticas son más favorables para sobrevivir, el Doctor me dejó internada para monitoreos y asegurarse que las niñas estuvieran bien. ¿La verdad? Lo pasé fatal. El ir y venir de enfermeras, gente del aseo, doctores, señoras encargadas del menú, el que repartía el diario, la que ofrecía un rezo, y sonidos del mismo monitor que tenía instalado y parecían dos caballitos de carrera galopando…el descanso era NULO. Conversé con mi Ginecólogo, le expliqué que mi nivel de stress estando ahí estaba por las nubes, y el tener que usar chata y llamar a cada rato a una enfermera (porque toda mujer en 3er trimestre SABE que las ganas de ir al baño son cada 30 minutos) y esperar a la única vez en el día que tenía permiso para levantarme para “ir al baño” no eran compatibles con el necesario reposo absoluto.

A los 5 días y cuando los medicamentos estaban funcionando bien, me dieron el alta (a las 21:30 hs, ¡pero era poder pasar la noche en mi casa!) Llegué feliz a MI cama, sin nadie que molestara y con el papá a mi lado.

Entiendo que hay mamás que deben guardar reposo y que tienen más hijos, pero en este caso voy a hablar de mi experiencia de mamá primeriza, que en ese momento solo vivía con el papá de las niñas y todo era calma y tranquilidad. Después de todo, el solo pensar que uno no se puede mover EN LO ABSOLUTO, da miedo. Algunos lo verán como algo magnífico, pero la verdad es que es terrible. Sí, terrible.

PERO, hay formas de salir adelante sin sentirlo como algo malo, sino más bien de aprovecharlo.

Lo primero que hice fue darme cuenta de la situación: en poco tiempo más todo cambiaría por completo, y esa famosa frasesita que nos repiten a los futuros papás “aprovecha de dormir ahora que puedes” retumbaba con mucha fuerza. Y si, tenía que tomarme este reposo como las vacaciones que no iba a tener en mucho tiempo, como el tiempo de flojera absoluta y máxima que quien sabe cuando se volvería a repetir.

Figuraba yo instalada en el sofá del living, la caminata de la pieza al living era suficiente ejercicio, y sólo estaba permitido levantarme para ir al baño y sentarme en la mesa a comer. Tenía mi MARAVILLOSA almohada de embarazada, ropa muy, muy, muy cómoda, el celular y controles varios en la mano. Mis programas favoritos eran los de partos…lloraba de miedo y emoción, no sé por qué algunas hacemos eso, pero me fascinaba ver partos y como cada mamá vivía su pre-parto.

También me di el lujo de ver películas malas, muy malas y clásicos, y cuando el papá llegaba del trabajo, hacíamos maratones de How I met Your Mother y Dr. House.

Tengo la gran suerte de tener una suegra que deja todo botado y más por ayudar. Ella venía a instalarse con sus ollas y platos y me hacía comida, comida de verdad. A almorzar venían todos, no me sentía sola y me hacían pasar horas muy amenas. A veces me traían flores y eso me llenaba el alma.

Como no me podía mover, la retención de líquidos se hizo presente y perdí mis tobillos. No reconocía mis pies, los dedos los tenía como choricillos, y donde sea que me tocara quedaba con una marca blanca que se desvanecía lentamente. Así que la posición era con los pies en alto lo más posible, y ya a esas alturas no tenía ganas de moverme.

Me sentía así

mamaorangutan

Y creo que también es como me veía.

Revistas, libros, San PINTEREST (porque fue lo máximo), series y matinales, además de los partos al mediodía hicieron de mi vida unas mini vacaciones. Tuve la gran suerte de que la mayoría de los días estuvieran nublados, ya que así no me daban ganas de salir. MUCHA AGUA, sí, el agua ayuda a disminuir la retención de líquidos (aunque la lógica nos diga lo contrario). Snacks saludables: almendras, nueces, plátanos y todo lo que tuviera calorías necesarias para que ayudaran a subir de peso a las peques. Sudokus y crucigramas para ejercitar el cerebro que estaba flojo y finalmente tejer. Al final, tenía tantas cosas que hacer, y el pensamiento de que esto no se volvería a repetir, que se me olvidaban mis pies de empanada.

Con el tiempo llegaron mis papás, otra inyección de felicidad para el alma, y la fecha de dejar los medicamentos se iba acercando. Hasta que ese día llegó, y esa noche llegaron mis niñas.

En otro post hablaré de las ansiedades que se generan cuando la gente ya empieza a preguntar cuando nacen, y cómo las hormonas nos hacen rabiar, también hablaré de los últimos preparativos que hicimos con mi mamá para esperar a las mellizas. Hoy solo quise compartir lo que me ayudó a tener un mes de reposo sin perder la cabeza, y que en realidad se me pasó rápido.

¿Has vivido un reposo así? ¿Cómo lo sobrellevaste?

Gracias por leer, nos vemos en otro post 🙂

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Autor:

Manitos que Comen nace para compartir recetas, vivencias y experiencias desde el punto de vista de una mamá.

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