Publicado en Vivencias

Manitos que comen

Cuando supe que iba a tener mellizas, mi necesidad de información explotó. Me convertí en adicta a Pinterest y todo lo que pudiera mostrarme acerca de tener dos al mismo tiempo y lo necesario para no perder la cordura al momento de su llegada (aunque también me sirvió mucho para entender las diferencias acerca del embarazo múltiple)

Vendrán más posts sobre varias cosas que fui aprendiendo y me sirvieron mucho para el embarazo, pero hoy voy a hablar del “Baby Led Weaning” desde mi experiencia.

Por lo que pude leer, todo está volviendo a lo básico y natural, tratando de que los niños sigan sus instintos sin importar lo mucho que nos cuestionemos sus decisiones. Aquí aparece el método de dejar que los bebés se alimenten solos. Sí, solos.

Lo primero que hay que entender, es que un niño no se va a matar de hambre. Si tiene hambre va a comer y dejará de hacerlo cuando esté satisfecho. A diferencia de cuando se les da la comida y se trata de darles “una cucharadita más, una más por mami” porque creemos que han comido muy poquito o no lo suficiente, pues los niños deben seguir su instinto de parar de comer cuando están satisfechos. Este instinto es importante ya que previene de problemas de sobrepeso y ansiedades al correr los años.

Voy a ser sincera, mis hijas nacieron prematuras y a veces me costaba mucho no pedirles que tomaran un poquito más de leche, o intentar con trucos que comieran un poco más. Una de ellas se devoraba todo, mientras la más pequeña me rechazaba cuchara tras cuchara todas las opciones que le ofrecía. Me sentía un fracaso.

Una mañana decidí no luchar más con la chica, si ella rechaza la comida, debe ser porque no está lista para comida. Punto. Después de todo, ambas seguían con leche materna y me sentía lo suficientemente confiada de lo nutritiva que era, así que dejé que ella me pidiera comer.

Después de 3 meses de ofrecer y ser rechazada, un día me aceptó el puré de manzana, luego el de pera, luego la comida. A estas alturas la más grande ya tenía favoritos en el menú, mientras la más chica recién empezaba a aceptar una que otra cucharada. Según el método, yo no debí haber partido con papillas, pero como dije antes, tenía mucho miedo y muchas aprehensiones con que mis hijas tuvieran algunas diferencias de madurez con respecto a quienes nacen de las 37 semanas en adelante.

El verdadero problema empezó cuando el Doctor me indicó que debían comer una porción del tamaño de 1 taza, 250cc aprox., más media fruta en el almuerzo. Contaba las cucharadas que comía, ya que nunca pasábamos de la media taza. Me sentía impotente, pensaba que algo estaba mal. Después me puse a medir los cc que comía, y fue peor. Todo esto pasaba con una voz que me decía “confía en sus instintos, no se va a morir de hambre” y no solo eso, siempre complementaba con leche materna, mi gran consuelo.

Cuando cumplieron el año, decidí hacerle caso a esa voz insistente, y dejé de medir las comidas. Las niñas ya tenían dientes suficientes y habían empezado a mostrar interés en comida de adultos.No más papillas ni picados, de ese día en adelante me dediqué a cocinar y probar recetas de comidas que ellas pudieran agarrar solas y sin la necesidad de valerse de una cuchara o tenedor. Aquí me convertí en fanática del “finger food”

Probé de todo, con mucho éxito: hamburguesas de tártaro con quínoa, muffins de verduras, tortillas de todas las verduras, huevos revueltos y duros (¡al fin podían comer huevo!), pollo a la plancha, verduras cocidas cortadas en dados, fideos con formas (corbatines, caracoles, coditos, espirales, rigattoni, etc.) Quesos blandos y blancos, frutas blandas y todo lo que se me ocurriera.

Desde ese día no volví atrás y ambas salían con felicitaciones de los controles, experimentaron con sus manos, probaron de todo y hoy son niñas que comen de todo. Por supuesto que tienen sus favoritos y menos deseados, pero la maña es mínima y saben que lo que hay es lo que se come.

Por esto, pensé en compartir mis recetas y experiencias con quien desee leerme, no soy nutricionista, periodista, matrona, pediatra ni tengo un doctorado, soy mamá y estas son mis reflexiones.

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Autor:

Manitos que Comen nace para compartir recetas, vivencias y experiencias desde el punto de vista de una mamá.

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