Publicado en Vivencias

El hipotiroidismo y la Maternidad

Soy mamá de dos niñas de 3 años y tengo hipotiroidismo. ¿Sabes de lo que hablo? ¿has escuchado el término, pero no tienes idea de qué se trata?

Si sientes:

  • Fatiga constante, y te despiertas pensando en la hora de volver a dormir
  • Comes bien, te mueves, pero igual subes y subes de peso
  • Frío o intolerancia al frío
  • Uñas quebradizas
  • Pelo pajoso
  • Piel reseca
  • Deterioro de la memoria
  • Problemas de fertilidad
  • Alteraciones del ciclo menstrual
  • Estreñimiento
  • Debilidad mental y física
  • Depresión

Entonces te invito a leer un poco más sobre esta enfermedad.

Ya es de conocimiento público que la maternidad no es todo color de rosa, ni mucho menos fácil. Pero ser mamá y sufrir de hipotiroidismo es como hacer todo con tu cuerpo pidiendo auxilio.

Hay veces en las que me siento superada y pienso: “Hay mamás de trillizos”. Eso a veces me consuela un poco, pero el problema es que en este caso la única ayuda que nos puede hacer salir adelante es la del Endocrinólogo. No hay vacaciones ni día libre que nos haga sentir mejor.

Últimamente me he topado con muchísimas mamás que lo sufren, y si…esta enfermedad SE SUFRE. Por mucho amor que exista con tu crío, por mucho que quieras se la mejor mamá, tu cuerpo te falla. Los síntomas descritos más arriba pueden ser leves o estar en todo su poder, pero lo bueno es que hay tratamiento y una puede volver a sentirse BIEN.

El hipotiroidismo

El hipotiroidismo significa que la glándula tiroides no es capaz de producir suficiente hormona tiroidea para mantener el cuerpo funcionando de manera normal. La tiroides es una glándula con forma de mariposa que está en el cuello, ubicada encima de la clavícula. Es una de las glándulas endocrinas que producen hormonas. Las hormonas tiroideas controlan el ritmo de muchas actividades en el cuerpo. Estas incluyen la rapidez con que se quema calorías y la rapidez con la que late el corazón. Todas estas actividades son parte del metabolismo del cuerpo.

Cuando los niveles de hormona tiroidea están bajos, las células del cuerpo no pueden recibir suficiente hormona tiroidea y los procesos corporales comienzan a funcionar con lentidud. A medida que el cuerpo comienza a funcionar con lentitud, podrás notar que sientes más frío y te fatigas más fácilmente, que tu piel se reseca, que tienes tendencia a olvidar las cosas y a encontrarte deprimido y también comienzas a notar estreñimiento. Como los síntomas son tan variados, la única manera de saber con seguridad si tiene hipotiroidismo es haciéndose las pruebas de sangre.

La parte complicada es unir todos los síntomas y verlos como algo en conjunto. Al principio pensé que el pelo lo tenía quebradizo por el shampoo que utilizaba, la piel estaba reseca porque no me estaba aplicando crema, y también creí que se me partían las uñas porque me las pintaba seguido. No fue hasta que quise quedar embarazada que no estos puntos se unieron solos y fui a ver a un endocrinólogo.

En un comienzo el ginecólogo me realizó una batería de análisis pre-embarazo para ver cómo estaba mi cuerpo antes de concebir, y así realizar los ajustes que fueran necesarios. Los primeros 6 meses todo parecía muy normal, salvo un LEVE “pero” (que aún así figuraba dentro de los “rangos normales”) en los análisis de tiroides. Así fue como fui derivada y ciertamente algo andaba mal.

El endocrinólogo me envió más análisis y además una ecografía, la cual demostró un ensanchamiento de la tiroides, que reflejaba una tiroiditis. Me preguntó si alguien en la familia tenía este problema y le dije que no, pero me aseguró que alguien debía tenerlo y que les avisara para que se realicen los análisis correspondientes también. Así que a la semana ya estaba tomando T4 (Eutirox) y todo cambió.

Quedé embarazada y tenía la orden de un chequeo médico para 3 meses más adelante. Al momento de realizarme este análisis, advierto a mi doctor de mi nueva condición de mamá en espera. Según los resultados aumentó levemente mi dosis y quedamos en control en otros 3 meses más.

Cuando me enteré (a las 15 semanas) que en realidad  venían dos en camino, me contacté inmediatamente con el endocrinólogo, quien me pidió nuevos análisis y ahora el control sería mensual. Todos los meses tomaban muy en serio este control y cada vez subía más la dosis, pues las exigencias del cuerpo se iban incrementando a pasos agigantados.

panza

Una vez que nacieron, la dosis bajó y 4 meses después caí en urgencias por un cuadro de hipoglicemia reactiva. Mi cuota de T4 se había sobrepasado y debí cortar el tratamiento. Pensé “¡wow! ¡me curé! Ya no tengo hipotiroidismo“. Estaba amamantando (por partida doble), tenía una revolución hormonal permanente, todo era muy rápido y lento a la vez. Luego de 1 mes de haber cortado el medicamento, caí con los mismos síntomas clásicos del hipotiroidismo y volví a retomar el tratamiento, esta vez con la dosis más baja. No, no me había curado.

Al año y 4 meses de haber estado produciendo leche (o mejor dicho, sobreproduciendo) mi cuerpo no dio más y dijo BASTA. Y cuando el cuerpo dice no más, es  no más. Así que viendo que las niñas estaban grandes, sanas y fuertes, comiendo bien y no había de qué preocuparse, decidí cortarme la leche y recuperar mi cuerpo. Hasta ese momento sentía que mi cuerpo no me pertenecía, todo, absolutamente todo lo que hacía era por y para mis niñas ya que les llegaba en forma de alimento.

Tras dos semanas de corte de producción, el cuerpo se volvió completamente loco. Las hormonas estaban en su peor momento haciéndome sufrir en todas las formas posibles. Y claro, la tiroides no quiso ser menos y me atacó con todo. A los 7 meses yo me sentía otra persona, entre que subí muchísimo de peso, se me cayó casi todo el pelo, la piel me sangraba por lo reseca, pero además tenía brotes de espinillas por cualquier parte…decidí cambiar mi forma de alimentarme y prestar más atención a la bendita tiroides.

Fui a una nutricionista, a quien ahora estimo muchísimo, y me dio una dieta con porciones controladas, mucha proteína y poco carbohidrato, y además debí empezar a hacer ejercicios.

Al poco tiempo todo empezó a volver a la normalidad, me sentía mucho más feliz y tenía más energías. Esto se reflejaba en todos los ámbitos y la verdad es que fue lo mejor que pude haber hecho. Claro, todo muy lindo hasta que la tiroides volvió a atacar…

Llevaba 7 meses estable y de la nada volvieron todos los síntomas, el problema es que en los análisis todo estaba dentro de rango, pero dentro de rango no significa que esté óptimo. Debido a que cambié mi forma de alimentarme y a que no puedo ser una mujer sedentaria porque las niñas me hacen correr todo el día, estoy muy conectada con las reacciones de mi cuerpo y ya puedo identificar cuando me está fallando la tiroides. (Era muy ridículo estar comiendo tan bien, moviéndome tanto y estar subiendo de peso nuevamente)

Por esto, mi endocrinólogo cambió por un mes el tratamiento, explicándome que la T4 había dejado de convertirse en T3 y que debía tomar T3 para hacer que reaccione. Un mes.

A los 3 días de tomar T3 me sentía fantástica, todo era maravilloso de nuevo y sin hacer cambios en la dieta volví a bajar de peso. Sentí que todo estaba funcionando de nuevo, pero a las 3 semanas todo se me fue a negro y me convertí en un ogro. ¿qué pasó? Mi cuota de T3 había sido sobrepasada y estaba manifestando un hipertiroidismo.

El hipertiroidismo

  • Dificultad para concentrarse
  • Irritabilidad
  • Pérdida de peso
  • Intolerancia al calor
  • Palpitaciones
  • Temblor en las manos
  • Problemas de sueño
  • Debilidad de caderas y hombros
  • Comezón en la piel
  • Hinchazón o inflamación alrededor de los ojos

Entre otros síntomas.

A la semana 4 volé a hacerme el control y rogarle a mi doctor que me atendiera lo antes posible, esta vez todo salió fuera de rango (como se esperaba) y la T3 estaba repleta y debía retomar con T4. Y bueno, esto es algo que debo estar controlando cada 3 meses, o cuando vuelva a reconocer los síntomas. Sinceramente creo que si no fuera porque ahora estoy  muy atenta a lo que me manifiesta el cuerpo, me estaría sintiendo mal sin darle mayor importancia.

Hoy nuevamente me siento bien, amanezco de buen humor y siento que descanso por las noches (pese a que veces me despierto por A o B motivo) y creo que todo va a estar bien siempre y cuando tenga a mi linda tiroides cuidada.

Quiero aclarar que siempre “comí sano”, mi problema era que al estar amamantando quemaba muchísimas calorías y comía como si no tuviera fondo, es decir, sano pero sin medir porciones. Todo bien con eso, el problema fue cuando corté la producción de leche y mantuve las porciones gigantes a la hora de comer. La nutricionista me enseñó bien y el día de hoy tengo muy claro cuánto de cada cosa debo consumir, súper simple.

Por otra parte, mucha gente me preguntó si no había “buscando una forma más natural” de “curar” la tiroides…¿Les cuento? La pastilla no se puede sustituir, es un medicamento que no se reemplaza. En E.U.A existen unas que se fabrican con tiroides disecada de cerdo, pero en Chile el tratamiento es con T4 sintética. Lo que SI puedo hacer es buscar los alimentos que aporten al funcionamiento de la tiroides y eliminar o disminuir lo más posible aquellos que le hacen daño, pero el alimento de por sí no sanará mi hipotiroidismo. Hace unos meses me sumergí en una lectura completa sobre este tema y esto es lo que rescaté:

Alimentos que benefician a la tiroides:

  • Iodo: La tiroides requiere de Iodo para funcionar, por lo tanto una baja ingesta de iodo puede aportar a que se desarrolle la enfermedad. El “pero” es que en los países desarrollados es una causa improbable, ya que podemos encontrarlo de manera abundante como suplemento en varios alimentos.

Sin embargo es una buena idea consumir alimentos ricos en Iodo. Porotos, papas, huevos, leche de vaca y sal iodada son buenas fuentes, así como los mariscos y animales marinos que rescatan su concentración del agua. (Si sufres de Hashimoto debes consultar con tu médico antes de incrementar tu consumo de iodo)

  • Selenio: Los suplementos de selenio no han podido ser demostrados como un aporte beneficial para el hipotiroidismo, pero si es una buena idea consumir alimentos que nos lo aportan: Champiñones, carne, pescado y nueces de brasil.

Y súper importante: encontrar una actividad física que te haga feliz.

Por algunos meses fui al gimnasio, partí muy motivada pero con el tiempo empecé a sentirme muy desganada. Me faltó apoyo de los profesores y eso hacía que mis rutinas se vieran afectadas. Decidí no ir más ya que lo estaba pasando mal.

Hace dos meses sufrí gravemente de la columna, estuve con dolores insoportables y tras varias resonancias magnéticas y otros estudios, el traumatólogo me indicó acudir al kinesiólogo ya que estaba con una inflamación (sinovitis) que era una punta de iceberg de mis problemas.

Tras dos sesiones dejé de tener dolor, y lo que debía hacer era fortalecer la columna, entonces decidí aeroyogaretomar (tras 4 años de pausa) el Aeroyoga. ¿Y qué pasó? Bueno, mi amor por el aeroyoga da para otro post, pero les puedo decir que me siento en mi mejor momento.

Así que ya saben, padecer de hipotiroidismo es realmente abrumador. Las personas creen que es cosa de tomar una pastilla y listo, pero ¡va mucho más allá! Hay que cuidar la alimentación, moverse y encontrar algo que logre desconectarnos. Es súper importante conocer nuestro cuerpo y ser capaces de identificar los síntomas apenas se asomen…esto evitará que pasemos por períodos en los que lo pasamos muy mal y de paso afectamos a quienes nos rodean.

Tras 4 años con hipotiroidismo diagnosticado, he descubierto un truco que me funciona perfecto para saber si algo está empezando a fallar:El síntoma que primero noto es el AGOTE;  Esa sensación de no haber dormido bien, estar arrastrándome por el piso de sueño, me hace sentido ahora que utilizo una pulsera que mide mis ciclos de sueño.

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¿Cómo funciona? Estas típicas pulseras que se utilizan para hacer deporte/contar pasos y pulsaciones, la que tengo viene con una aplicación que automáticamente sabe cuando mis pulsaciones bajan y comienzo a dormir. A la mañana siguiente reviso cómo estuvieron mis ciclos y cuántas “interrupciones” tuve (o sea, cuántas veces me desperté) Si todo pinta como que fue una buena noche y debiese haber amanecido súper bien pero no es así, entonces algo está fallando. Cuando llevo 3 noches durmiendo bien pero mi cansancio sigue igual, entonces YA SÉ que debo ir a hacerme el análisis.

Siempre le pido a mi Doctor que me deje 2-3 órdenes sin fecha para estos casos, entonces me realizo los exámenes y se los envío por mail. Si algo anda mal me pide que vaya a verlo, y ajustamos la dosis de T4.

Me llevó AÑOS conocerme, entenderme, pero una vez que lo hice pude tomar las riendas de mi salud y finalmente sentirme BIEN.

Si crees que padeces de esta enfermedad, contacta a un endocrinólogo. Si conoces a alguien que pudiera tenerla, compártele este post y quizás pueda servir para mejorar su calidad de vida.

 

 

 

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Autor:

Manitos que Comen nace para compartir recetas, vivencias y experiencias desde el punto de vista de una mamá.

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